Hay salida, echa los arreos.
Tan escueto mensaje, pondrá
sal y pimienta en mi última visita por las tierras del sur.
Sin saber dónde voy, ni con quien voy, (excepto el remitente
del mensaje), me presento en el lugar indicado (un conocido barrio de Ronda). Donde con
puntualidad “Española”, poco a poco, se va formando un numeroso grupo de
senderistas, que tras los saludos de rigor
se ponen en marcha.
Con paso ágil, (como si tuvieran prisa por terminar), el
grupo va dejando atrás la ciudad de Ronda. Siguiendo diferentes caminos que
transcurren entre fincas y cortijos, nos acercamos al Pilar de Cartajima, antaño lugar
de parada obligatoria (para liar un cigarro o dar de beber a sus animales) de
arrieros o gente del campo antes de llegar a Ronda.
A estas alturas del
camino, estoy totalmente integrado en el grupo y como si de una esponja se
tratara, me voy impregnando de toda la historia concerniente a este camino, que
no es poca, y que da más saltos que la bolsa
en estos días. Lo primero que encontramos, son
algunos restos del acueducto romano, que abastecía de agua a la ciudad
de Arunda (antigua Ronda). En nada
llegamos al cerro del Cincho,
donde hacemos nuestra primera parada.
Cruzamos la carretera de Ronda-Gaucin y nos dirigimos hacia
el puerto de Arrebatacapas, lugar con unas vistas impresionantes, y según me
dicen, bastante frecuentado por los bereberes (haciendo estos, de las suyas) en
tiempos de la reconquista. Pasado dicho puerto, si echamos la vista hacia
atrás, podemos ver en la lejanía, la ciudad de Ronda.
Encinas Borrachas nuestro siguiente puerto, ya queda cerca y
en él, encontramos lo que para unos, es
calzada romana y para otros camino medieval, pero no contentos con
esto, también se conoce como camino de Gibraltar o
de los ingleses, (un camino bien aprovechado), junto al camino, se encuentran
otros restos mucho más antiguos, como el dolmen de Encinas Borrachas (nuevo
salto en la historia). Cuesta imaginar que tiempo atrás, todo este lugar
estuviera poblado de encinas, pero fueron cortadas para abastecer la industria
minera “Los Perdigones”, que abastecía a
la Real fábrica de hojalata de Júzcar.
De nuevo, nos topamos con la carretera, una vez cruzada,
buscamos el camino que nos llevara al arroyo de Audalazar, pero antes de
bordear el cerro de Dª María, encontramos un nuevo dolmen, en este caso el de
Montero. Me cuentan, que por esta zona en tiempos de la guerra de La
Independencia, los bandoleros de la zona, se las hicieron pasar canutas a los
franceses, estos llamaron a este lugar el camino de La Amargura, por la
cantidad de bajas que sufrían por lo que intentaban evitar la zona a toda
costa. Poco antes de embarrancarnos hacia el arroyo, nos desviamos para ver el
cortijo de las Rozas, y el Canalizo, en cuyas paredes se encuentra una curiosa
formación, que las gentes de la zona llaman El Ojo de Dios. Desandamos nuestros
pasos y cruzamos el arroyo, con mas barro que agua en esta ocasión, pero una
vez cruzado, una preciosa senda, toda en ascenso nos lleva hasta el cortijo de
Vasija, que en un suspiro, nos dejara ver nuestro final, que no es otro que
Alpandeire un precioso pueblo de la serranía de Ronda,
rodeado de encinas y pinares por todas partes y con unas vistas sobre el valle
del Genal, impresionantes. Tras un más que merecido avituallamiento, toca volver, pero esta vez lo haremos en
autobús.
Una salida de lo más interesante, tanto por el paisaje como
por la historia que lo recorre, así como
por el grupo con el que compartí este día. Un grupo, con una forma curiosa y
anárquica de organizar sus rutas y con el que
espero poder repetir nuevos caminos.
Pilar de Cartajima.
Cerro del Cincho.
Vistas desde Arrebatacapas.
Restos de Calzada Romana / Camino de GIbraltar.
Dolmen de Encinas Borrachas.
Cerros de Dª Maria y Los Frailes.
El Canalizo.
Cortijo de Las Rozas.
Curiosa forma geologica conocida como -El ojo de Dios-.
Valle del Genal.














